UN ENCUENTRO SOÑADO

Él es según la apariencia que elija tener: puede ser viejo y de cabello blanco o un niño de enorme sonrisa. Sin embargo, él prefiere ser joven, de negro cabello y una misteriosa mirada que oculta detrás de su oscuro sombrero. Se sienta en un cómodo sofá situado sobre un enorme libro que está suspendido en una densa neblina que no deja ver nada más que un interminable color blanco. Le agrada ese lugar, y no piensa cambiarlo, pues él controla su propio sueño. Y tiene la facultad de controlar los demás, pero solamente los de los seres humanos. De igual forma, no conoce otra especie que sea capaz de soñar como ellos.

Los humanos tienen la facultad de soñar cosas inimaginables, sin la capacidad de controlarlos y, en ocasiones, de recordarlos. No obstante, al protagonista de este cuento, vestido con una gabardina negra, a pesar de que le gusta tener una apariencia interesante y divertirse en su labor, no tiene la autorización de hacer todo lo que le plazca dentro de los sueños que se encarga de monitorear. Un gran número de sueños son los que tiene que regular para evitar que se desate un caos que ni los mismos humanos imaginan que podría suceder. Sí, el poder de los sueños es tan fuerte que puede llegar a colisionar el universo mismo.

Algunos lo confunden con Morfeo, pero él simplemente es un regulador más, uno de aquellos modificadores del sueño que trabajan para el verdadero Morfeo. Encargados de mantener en balance los sueños, modificando sólo lo necesario de ellos. Dentro de la zona designada, debe mantener el mismo número de sueños negros que de sueños blancos, para poder cumplir con el objetivo.

Los reguladores viven dentro del tiempo infinito y su existencia es solamente destinada a cumplir con su deber, hasta ese extraño momento, en que comienzan a desvanecerse porque han terminado su ciclo de existencia. Pero su existencia no es aburrida, al contrario, pueden vivir todo lo que los humanos anhelan; las cosas alegres y tristes; efímeras y terroríficas. Sueños de distintos trazos y matices.

De pronto, éste regulador en especial, dentro de su trabajo sin descanso, entra en un sueño con una atmósfera hasta un punto incomparable con los que había entrado en contacto. Lo sabe porque, a pesar de todo, existen semejanzas en las características de los sueños que había monitoreado. Pero, este sueño en especial, es totalmente nuevo para él, todo lo que le rodea le resulta desconocido, los colores, hasta los aromas que se respiran en el lugar.

Es un sitio con el aire denso como el agua misma, figuras semejantes a flores se encuentran volando suavemente de un lado a otro. Pero no sucede nada más, por más que recorre el extenso lugar que se adorna con enormes enredaderas, no encuentra rastros del humano que lo está soñando; generalmente, en algún punto del sueño, se puede encontrar la verdadera figura del ser soñante. En esta ocasión, algo no concuerda con todo lo que había visto antes, una inquietud lo invade y, de pronto, una vereda se abre frente a sus ojos, bajo él, piedras que se asemejan al cristal crujen de forma suave con cada paso que da. Se extiende, sobre él, una especie de cielo teñido de raras estrellas brillantes que danzan y murmuran conforme se adentra al lugar.

—¿Quién es el autor de este sueño? —cuestiona al aire.

Generalmente, ante un estímulo, los sueños responden. Pero éste no lo hace.

Detiene su caminar y analiza la situación, tal vez no se trata de algo importante, es simplemente que ha conocido un nuevo tipo de sueño. Después de pensarlo un momento, se convence, cierto, no es nada importante.

—¿Por qué tanta inquietud? —se pregunta a sí mismo.

Entonces, decide irse de ahí y continuar con el monitoreo, nombraría a ese sueño como blanco y saldría por algún portal que lo conducirá al sueño más cercano. No obstante, se percata de otra cosa nueva: no es capaz de abrir ningún portal. Entonces intenta que el creador del sueño sea descubierto.

—No lo intente —de pronto, la voz de una mujer se escucha.

—¿Por qué no? —cuestiona, desafiante— Usted tiene el deber de dejarme salir del sueño.

—Por mí, puede irse, adelante. No necesito compañía realmente. Pero no intente buscarme, por favor.

—He intentado salir, pero no puedo. Me pregunto, ¿quién, si no es usted, está impidiendo que salga de este lugar?

—Créame, no soy yo la que lo está aprisionando en mi propio sueño, no tengo ningún motivo para ello —la voz de la mujer proviene justo detrás del joven monitor— Por favor, no se dé la vuelta, simplemente quiero preguntarle algo.

—Está bien, pero yo preguntaré primero: ¿por qué puede verme si en ningún momento he planeado manifestarme? ¿usted está consciente de este sueño? —se gira rápidamente para ver el rostro de la mujer, pero ésta, hábil, se coloca tras un enorme árbol que mágicamente aparece.

—Ni siquiera un Oneiro como usted podría salvarse del fatal destino si me mira fijamente.

—No soy ningún Oneiro, ni siquiera soy alguna clase de dios. Soy simplemente un monitor a las órdenes de Morfeo. Puede confiar que no me sucederá nada. ¿Porque habría de morir por solo mirarla?

—¿Cómo puede estar seguro? —pregunta en un susurro.

—Puedo estar muy seguro de eso, no podré salir, pero me doy cuenta de que puedo influir en su soñar.

Tras decir esto, el monitor hace que el árbol comience a marchitarse y desvanecerse.

—¡Por favor, no! —una ráfaga de viento y hojas impiden que él pueda verla, un conjunto de enredaderas cubre suavemente su rostro y lo atrapa para evitar que se mueva.

—Ahora, me toca preguntar a mí —dice ella, mientras camina a su alrededor— si es un monitor de sueños de los mortales, ¿cómo es posible que esté dentro del mío?

Es evidente que no confían el uno en el otro, pues ella no es humana y él ha invadido su sueño sin aviso alguno. Ella, es uno de esos seres mitológicos que han formado parte de tantas historias contadas por los mortales. Aunque las ninfas han preferido vivir dentro de lo oculto, pues es bien sabido que son peligrosas para la vista del ser humano, ¿quién le asegura a ella que éste sujeto no morirá si logra verla?

Pero, de todas formas, aunque esté confundida con la presencia del extraño, en el fondo se siente aliviada de no seguir sola dentro de ese sueño que tiene como cárcel.

—Si no es humana… ¿entonces, qué?

—Una ninfa. Y usted, ¿qué pretende dentro de mi sueño? —lo mira detenidamente.

—No hay pretensiones, solamente cumplía con mi deber. Pero ¿cómo puede asegurar que usted es una auténtica ninfa? Puede ser el producto de la imaginación de un simple ser humano. Las ninfas son un mero invento, y usted, es el producto de esa fantasía.

—¿Usted, cree en Morfeo? —pregunta con seriedad.

—Por supuesto. —asegura él.

—¡Morfeo es un mero invento del ser humano! —lo dice con el fin de provocarlo.

Pero él es calculador, no se deja llevar por el impulso de defender a su maestro y dice:

—¿Cómo me explica que ahora estoy dentro de su sueño? —desaparece, librándose de la enredadera, pero ella sigue escuchando su voz—, para mí, usted es solo un producto de la imaginación de algún ser humano.

—Entonces, si éste es el sueño de un simple mortal, ¿por qué los poderes que Morfeo le concedió no son capaces de sacarlo de aquí? —lo busca alrededor, preparada para ocultarse de la mirada del monitor.

De pronto, un silencio inquietante invade todo el lugar. La hermosa ninfa de largo cabello marrón espera atenta a lo que está por suceder. Pero no pasa nada, y comienza a bajar la guardia, seguro, el extraño encontró la manera de salir de su sueño.

Bien por él. En cambio, ella tiene que permanecer prisionera en su propio sueño, todo a causa de aquel sátiro ambicioso.

—¡Estúpidos sátiros…! —expresa para sí mientras se sienta sobre una roca y recuerda a esos seres mitad humano que se embriagan de fiestas y placeres.

—¿Cuáles sátiros? —de un segundo a otro, aparece él frente a ella.

La preciosa ninfa de ojos color miel lo siente tan cerca de su rostro, sentir su aliento la sobresalta.

—Tranquila, no moriré. — riéndose de ella.

Y continúa riendo por el rostro avergonzado de la ninfa después a haber caído de espaldas sobre un extraño matorral repleto de flores voladoras. Salieron despavoridas ante la sacudida.

—¿Acaso es estúpido? —se levanta con dificultad, molesta ante el acto de aquel invasor de sueños.

—No lo soy, al contrario, mi inteligencia me ayudó a poder verle, y descubrir que no puede matarme.

—No quiero hacerlo —se acerca a él, y lo apunta con el dedo—, no me interesa y nunca me ha gustado perjudicar a otros.

—No es una verdadera ninfa, usted es inofensiva…

—Le aseguro que soy tan real como su existencia misma, vivo en un hermoso bosque lleno de magia e increíbles misterios —alrededor de ambos se van dibujando los recuerdos de la ninfa—, ahí es donde me encanta pasear entre los enormes árboles, oler las coloridas flores y jugar con los animales. Todo es tan tranquilo cuando mis hermanas y yo recorremos cada rincón de nuestro amado bosque, tan tranquilo, hasta que llegan esos sátiros lujuriosos y ambiciosos. Esos siempre nos arruinan la tranquilidad y comienzan a cortejarnos con viles trampas, por lo cual preferimos escondernos de ellos, antes de que nos rapten para sus fiestas del vino.

El joven monitor decide prestarle atención a la supuesta ninfa, esa que luce un hermoso vestido de vivos y transparentes colores. La observa con detenimiento y nota que en su mirada color miel no se muestra la turbia de la mentira.

—En especial, existe un sátiro que me molesta más, endulzándome el oído con sus falsas promesas. Siempre me negué a aceptarlo, jamás me liaría con un sátiro tonto y egoísta, pretencioso, manipulador…

—¿Él tiene que ver en todo esto?

—Tiene que ver mucho con esto, la razón por la que estoy dentro de mi sueño, es él. —se vuelve a sentar en aquella roca— Un día, me encontraba junto al río de agua azul, el sátiro llegó y comenzó a hablarme para insistirme una vez más en que me fuera con él. Por supuesto, yo lo rechacé, pero éste enfureció y quiso llevarme a la fuerza, yo me libré de sus brazos. Pero él tenía un haz bajo la manga: un instrumento mágico me hizo caer en un sueño que me aprisionó y del cual no he logrado despertar.

—Eso explica por qué no puedo salir de aquí… esto es una prisión —deduce, el monitor.

—Para ser sincera, me alegra tener a alguien más como compañía. Este lugar está desolado, es bellísimo sin lugar a dudas, pero se siente triste y solo, no deja de tenerme en cautiverio después de todo.

El monitor analiza lo que acaba de escuchar, pensando en que posiblemente ésta sea la clave para poder salir por fin de ese extraño sueño que comienza a retrasar su deber.

—Le ayudaré a salir de aquí, solo debe pensar en un posible sitio en el cual sienta más aquella música que el sátiro toca para usted.

La ninfa asiente y, tomando la mano del extraño, lo conduce por extrañas veredas llenas de verdes colores y distintas flores. Llegan a una misteriosa cueva con grutas aterradoramente silenciosas. En un punto, la melodía danzante llega hasta a sus oídos.

El monitor intenta quebrar totalmente la grieta entre el sueño y la realidad, para poder romper con el sueño, pero no logra hacerlo. El sueño es una auténtica cárcel para quien se encuentre dentro de él, ¿y ahora? Sólo alguien del exterior podría despertarla, y fuera, se encuentra aquél sátiro tocando la melodía que hechizada a la ninfa tiene.

—Necesito que me diga, ¿él siempre toca esta melodía?

—No todo el tiempo —dice, pensativa—, en ocasiones deja de tocar y sale a caminar por el bosque. Pero el hechizo es muy poderoso y, créame, lo he intentado todo. Jamás podré salir de aquí, estoy condenada a dormir.

—Entonces no hay nada que pueda hacer aquí —comienza a caminar hacia la salida de esa cueva— Parece que le gusta vivir así. ¡Que lo disfrute!

—Pero, ¿qué está diciendo? —lo sigue rápidamente— ¿acaso cree que me dejé inducir por ese maldito sátiro?

—Excelente conclusión, una ninfa como usted no puede soportar caer por un hechizo tan sencillo como el amor mismo, así que se ha negado tanto tiempo de sentirlo y ha obligado a que le hicieran esto. Pero, en realidad, este es su verdadero deseo, ¿me equivoco?

La ninfa guarda silencio ante las palabras del extraño. El monitor continúa:

—Por eso es que a usted le molestó mi presencia, porque estaba interfiriendo en sus asuntos —sigue caminando—, está bien, es hora de retirarme.

—Pero, ¿qué incoherencias está diciendo? No comprendo sus palabras —expresa la ninfa, molesta— Además, usted mismo no tiene la facultad de salir de este sueño.

—Eso quise que creyera, en realidad, he dejado abierto el portal por donde llegué. Solo que me pareció interesante lo que estaba sucediendo aquí. Ahora, no volveré a molestarla.

El monitor se desvanece mientras continua caminando.

—¡No!, ¡por favor!, ¡¡no se vaya!! —ve desaparecer al sujeto y sus ojos se entristecen— En verdad necesito su ayuda…

Un viento frío sopla y un conjunto de amapolas voladoras rodean a la ninfa, consolándola. El cielo comienza a oscurecerse. El ambiente muestra su tristeza.

—¿Qué hice mal?

—Nada… —el monitor la sorprende cuando aparece frente a ella y, con un lento movimiento, se acerca a su rostro y logra robarle un beso.

El beso sorprende totalmente sus sentidos, se sacuden dentro de ella como una corriente eléctrica y comienza a sentir que su cuerpo flota suavemente.

Todo da vueltas alrededor de ellos, ¿es posible que eso haya sido un error? No, al contrario, fue una estrategia. Si no se puede dar un estímulo del exterior, entonces debía realizar algo que impulsara una reacción en el cuerpo de la ninfa; sacando provecho de que la música hechizante del sátiro había dejado de escucharse. En el momento oportuno, el monitor realizó el movimiento perfecto para confundir y sorprender a la hermosa ninfa.

Sus ojos se abren al instante, se incorpora con un fuerte dolor de cabeza y observa a su alrededor, descubriendo así que por fin se ha librado del hechizo. Emprende la huida más exhaustiva que jamás había realizado, escapa hasta un lugar donde nunca la podrá encontrar ese malvado sátiro.

Regresa su vida tranquila, ella ya ha visto salir el sol por el horizonte y ocultarse tras el ocaso muchas veces, pero por más días y noches que pasen no logra olvidar a ese misterioso ser que decidió ayudarla dentro de su propio sueño. Por más que anhele la llegada de la penumbra, al amanecer comprende que existen sucesos irrepetibles, jamás volverá a verlo, jamás volverá a escucharlo, jamás volverá a besarlo… lo peor, de un sueño se había enamorado.

Olvida con el tiempo lo sucedido en aquel entonces, vuelve a pasear con sus hermanas por el bosque, buscando divertirse y vivir como una ninfa debía hacerlo, feliz y completa, libre de preocupaciones, al servicio de la madre naturaleza, bailando y cantando cuando así lo ameritaba.

El sueño comienza nuevamente, las flores despegan su vuelo, el río sigue su cauce y un suave aroma a naturaleza invade el lugar donde la ninfa de largos cabellos marrones recorre mientras baila y canta felizmente. Éste es uno de sus sueños más comunes, uno de los que más disfruta. Todo sigue su propio ritmo, cuando de pronto, se detiene al escuchar una voz decir:

—…volvemos a encontrarnos —rompiendo con el silencio del lugar.

Ella voltea lentamente hasta encontrarse con los profundos ojos oscuros de aquel extraño monitor, un sombrero negro y una gabardina larga lo acompañan en su vestimenta.

Ahnira Sang